martes, 19 de marzo de 2013

En Prosa




Como el agua a la semilla, la tierra es nutrida por el cariño de dos jóvenes ilusos.

El cielo llora, mientras que los dos jóvenes refugiados en un árbol construyen un lazo de confianza y bondad brindándoles calor.

Así, empezaron a descubrir juntos los vastos pagos, yendo a lo inexplorado como rayos de luz que nunca dejaron de brillar.

Se necesitaron uno al otro en cada momento, mientras el lazo seguía entrelazando el camino de sus vidas. 
Una sonrisa vastó para fundir sus corazones, potenciados por el vapor de sus suspiros.

El hombre, tan hábil con sus manos, le diseñó un momento de sensaciones táctiles, tan sencillo e viril.
La mujer, tan diestra con su bondad, le respondió con amabilidad un beso eterno, ferviente y sincero.


Desde ese momento, sus vidas estuvieron marcadas por una huella que ha dejado cada uno, un recuerdo vivo, lleno de colores, concreto, alegrando los  momentos más oscuros en cada vida humana con su presencia.





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